El dulce sabor de lo amargo

by | May 6, 2022 | Las 5 Razones

Pasamos gran parte de la vida reprimiendo emociones negativas; escondemos el miedo, la tristeza y frustración para dejar ver únicamente lo bueno. El problema es que, cuando se esconden las emociones negativas, no desaparecen.

Pensé en esta idea mientras leía por tercera vez “Padre Rico, Padre Pobre” de Robert Kiyosaki. Esta vez me atrapó una historia que antes había pasado desapercibida:

Después de trabajar 3 semanas para su “padre rico” y ganar 10 centavos de dólar por cada hora, Robert pensó que tenía que renunciar. Sentía que había sido explotado y que no estaba aprendiendo nada. Se envalentonó y fue directo al grano. Su padre rico tenía mucha experiencia, sabía que este momento llegaría, así que estaba listo, y le dijo: “Entonces, si no te pago más, vas a renunciar porque estás mal pagado y no estás aprendiendo nada, ¿verdad?”.

“Pues sí, soy apenas un niño de 9 años, pero no puede abusar de mí, y además no está cumpliendo con su parte del trato, no me está enseñando a hacerme rico. Además, desde que empecé a trabajar no he hablado con usted”, le respondió Robert. El padre, tajante, rebatió el punto: “Tú crees que ir a clases o a una conferencia es aprender, pero no, la vida enseña más. Si vienes por un aumento de sueldo es porque quieres trabajar por dinero, y la gente rica no trabaja por dinero, la gente rica hace que el dinero trabaje para ellos. Si quieres aprender, vuelve al trabajo, pero ahora no te voy a pagar nada”.

Robert regresó al trabajo. Ya no estaba enojado a pesar de haber perdido los 10 centavos que ganaba. Algo dijo su padre que le hizo ver las cosas de otra manera, porque ahora estaba motivado, tanto que la frustración de trabajar sin sueldo lo empujó a buscar oportunidades de negocio para recuperar lo que había perdido. En un par de días después vio una oportunidad y empezó un negocio que le haría ganar mucho más.

Es inevitable tener experiencias malas y emociones negativas. Podemos fingir que nunca tenemos un día amargo, pensar que la vida sucede como en Instagram y guardar lo malo que nos pasa, pero en el fondo ni lo solucionamos ni lo aprovechamos. Por el contrario, si lo reconocemos, confrontamos y procesamos, podemos utilizarlo a nuestro favor.

Las cosas amargas pueden ser el origen de una idea creativa, un llamado de atención para corregir la dirección o la conexión con una parte de nosotros que estábamos ignorando. Para estar completos, todos tenemos que vivir y sentir cosas buenas y malas, cómo las utilizamos es lo que nos hace diferentes, inconfundibles.

Esta semana, compartimos 5 ideas para utilizar una mala experiencia en el trabajo y aprender de ella.

 

1.- Haz una pausa y analiza

La impaciencia es muy tramposa. Te hace creer que no tienes muchas opciones, cuando en realidad, el problema es que no las estás viendo porque te estás apresurando. Si estás leyendo este newsletter es porque eres una persona que le dedica mucho tiempo y esfuerzo a su carrera. Y las personas que somos así normalmente tenemos objetivos definidos y cuando nos tropezamos, a veces sentimos que no vamos a llegar a tiempo.

Pero, calma. Si tropiezas, levántate y analiza por qué sucedió, atiende el origen del problema, cuestiónate y date tiempo de responder.

 

2.- Identifica qué puedes aprender de esa experiencia

Los errores, los tropiezos y las malas experiencias siempre pueden ayudarnos a mejorar. Es más, los errores pueden ser hasta nuevos caminos si los sabemos aprovechar, porque nos llevan por caminos totalmente imprevistos.

Ábrete a la posibilidad de que los errores traigan grandes aprendizajes y nuevas formas de hacer las cosas.

 

i  n  t  e  r  m  e  d  i  o

¿Sabías que el cerebro es malo para predecir emociones?
Al imaginarnos cómo nos sentiremos en cierta situación el futuro, usamos el pasado como referencia. Sin embargo, eso no siempre funciona ya que ninguna experiencia será igual a la del pasado. Por ello, no sesgues tu pensamiento con el pasado, sino permítete estar abierto a las distintas oportunidades.
 

 

3.- No busques culpables

No hay un solo ser humano en este planeta que no se haya equivocado. Los errores muchas veces nos hacen sentir solos, como si fuéramos la única persona que ha cometido semejante error. Nos sentimos tontos, o para no sentirnos tontos, empezamos a buscar a quién culpar. Y esto es como echarle leña al fuego, porque empezamos a destruir relaciones o a evadir responsabilidades, que es lo que en realidad nos ayuda a que los errores sean productivos y constructivos.

En vez de buscar culpables, asigna responsabilidades, y sobre todo, pregúntate qué parte de ello es tu responsabilidad.

 

4.- Escribe lo que sientes en un diario

En El Camino del Artista, la autora Julia Cameron da distintos ejercicios para estimular y recuperar la energía creativa. Uno de estos ejercicios es escribir, todos los días, tres páginas enteras en un cuaderno. Al principio, uno se resiste, porque empiezas a pensar que es una tarea inútil, ¿por qué escribir lo que piensas todos los días?

Te prometo que no es tarea inútil, y que en realidad, escribir todo lo que sientes en tres páginas es sumamente liberadorEs darle espacio a tu mente para que enfrente y resuelva los problemas.

 

5.- Recuerda que lo que piensas y sientes no es el único punto de vista

Difícil de recordar en estos tiempos, pero tenemos que aprender a convivir con el desacuerdo entre nosotros sin dejar que definan nuestras relaciones. Estamos cada vez más informados sobre distintos temas del mundo, pero menos acostumbrados a procesar y contextualizar esta información en nuestro día a día.

Un antídoto a eso es recordar que nuestro punto de vista no es la única perspectiva que hay. Y que las ideas responden a nuestra cotidianidad, que, aunque nos podamos conectar a través de pantallas, no siempre alcanzaremos a entender por qué alguien se siente de tal o cual manera. Y está bien, porque no tenemos que entenderlo todo, solamente aceptar que habrán otros puntos de vista.

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