El hábito de la excelencia y cómo desarrollarlo

by | Oct 10, 2022 | desarrollo profesional, marca personal, productividad

¿Sabías que la excelencia es un hábito? Sí, los hábitos no son nada más cosas malas y destructivas como fumar, comer mucha comida rápida o desvelarte muchos días de la semana, los hábitos también pueden ser buenos, productivos y saludables. De hecho, las personas más exitosas del mundo aseguran que gran parte de su éxito se debe más a sus hábitos que a su talento.  

 

La enorme ventaja es que todas las personas pueden decidir sus hábitos. Así es como nos reinventamos, cambiando de hábitos. El ciclo funciona así; primero tú decides los hábitos que quieres tener, los desarrollas y después los hábitos te definen.  

 

(Versión en video)

 

Los hábitos te definen

 

La enorme ventaja es que todas las personas pueden decidir sus hábitos. Así es como nos reinventamos, cambiando de hábitos. El ciclo funciona así; primero tú decides los hábitos que quieres tener, los desarrollas y después los hábitos te definen.  

 

Recuerda que un hábito es una acción que realizas casi de manera automática por mucho tiempo. Correr un día no te convierte en atleta, correr todos los días 30 minutos sí. Por eso digo que cambiar de hábitos y no cambiar de trabajo, es lo que nos reinventa. 

 

Imagina que ya lo has decidido, quieres mejorar de manera constante en todo lo que haces, ser un poco mejor en todo y hacerlo todos los días. Convertirlo en una rutina, no conformarte con lo que tienes o los resultados que has conseguido, quieres más, quieres mejorar los procesos, mejorar tus habilidades, tus servicios o productos, eso es un hábito, el hábito de la excelencia.  

 

 

¿Medir la excelencia?

 

A muchas personas, de hecho la mayoría de las personas con quien lo he platicado, consideran que la excelencia no es un hábito, les cuesta trabajo entenderlo básicamente porque para ellos la excelencia no se pude medir de manera tangible, como pueden hacer con otros hábitos como despertar a las 5 de la mañana, leer 30 minutos todos los días o escribir 2 cuartillas de lunes a viernes.  

 

Efectivamente, la excelencia no se puede ni se debe medir de la misma manera, pero eso no quiere decir que no se puede convertir en una rutina de todos los días, y esa condición, la de repetirse de manera persistente, es la única condición que se necesita para ser considerado un hábito. Así que no importa si la mayoría no lo entiende, las personas que han desarrollado el hábito de la excelencia tiene una extraordinaria reputación además de otras recompensas.  

 

El secreto es que para ser excelente no se necesita dar pasos gigantes, no tienes que conseguir metas extraordinarias de la noche a la mañana, la excelencia se trata nada más de no detenerse, de mejorar todos los días aunque sea de manera mínima en todo lo que haces.  

 

 

Avances pequeños, grandes resultados 

 

En 96 años de competir internacionalmente, los ciclistas británicos habían ganado solamente una medalla de oro, una marca decepcionante para un país considerado una potencia. De repente, en 2008, ganaron 7 medallas de oro de las 10 disponibles en los Juegos Olímpicos de Bejín, Al mismo tiempo, los ciclistas británicos ganaron la famosa Tour de Francia cuatro veces en 6 años. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo lo consiguieron? 

 

La respuesta es la filosofía de Dave Brailsford, director de rendimiento de la federación de ciclismo británica. Dave instruyó a todo el equipo a concentrarse en todas las áreas donde los atletas pudieran mejorar un 1% todos los días. No pretendía que consiguieran medallas de manera inmediata, lo único que pedía era hacer trabajo que les ayudara a mejorar de manera marginal, pero ininterrumpida, en cualquier área donde tuvieran oportunidad de crecimiento.  

 

Cuando empezaron a sumar todas esas pequeñas mejoras del 1%, se dieron cuenta que el avance acumulativo tenía un poder extraordinario, ese proceso tomó un gran ritmo hasta convertirse en la base del éxito, que finalmente alcanzaron en los Juegos Olímpicos.  

 

En nuestro caso, no tenemos que obtener un título o maestría de inmediato, no tenemos que consolidar un negocio o conseguir una promoción de manera apresurada. Lo que tenemos que hacer es pequeñas mejoras continuas en las áreas clave de nuestro trabajo, buscar la excelencia todos los días en todo lo que hacemos. 

 

 

Los buenos hábitos te hacen un profesional de excelencia 

 

De manera sencilla podemos dividir a los hábitos en dos grandes grupos, hábitos de pensamiento; todos aquellos que tienen que ver con nuestra mentalidad, y los hábitos de comportamiento, todos aquellos que tienen que ver con las cosas que hacemos. 

 

Para saber cuáles tienes que desarrollar en cada grupo y buscar la excelencia, mi sugerencia es que identifiques muy bien a las personas que son excelentes en lo que hacen y son un modelo a seguir para ti; puede ser un jefe, un mentor, un escritor o una figura pública. Observa qué dicen y cómo lo dicen, cómo se comportan y cuál es su rutina y filosofía de trabajo.  

 

No tiene que gustarte ni funcionarte todo lo que hacen, la idea es copiar y adaptar las cosas de ellos que pueden ayudarte a mejorar. Pon atención a las cosas que leen y sus rutinas de todos los días, hoy es fácil averiguar hasta los más mínimos detalles de personas muy influyentes.  

 

El objetivo es ver qué acciones o tareas funcionan en otros y adaptarlas a tus necesidades.  Si son personas que admiras, es probable que los libros que leen también te ayuden a ti, que su manera de trabajar te inspire a modificar o ajustar la tuya, y que su estilo de vida te motive a buscar cosas similares de alguna u otra manera. Estamos hablando de personas que consideras muy buenas en lo que hacen, así que aprender de ellos te ayudará a mejorar en tus actividades diarias.  

 

 

El hábito de la excelencia y cómo desarrollarlo

 

Vamos a pensar que ya estás convencido, para ti la excelencia es un hábito y quieres desarrollarlo, la pregunta natural es ¿cómo se hace eso? Te voy a pedir que regresemos a la niñez, y que recuerdes cuando tus papás te pedían una y otra vez que te cepillaras los dientes después de cada comida y antes de dormir.  

 

Hoy ya no tienes que esperar a que tus papás te lo pidan y mucho menos piensas cómo se hace cada vez que entras al baño, hoy es una acción que repites de manera automática por dos razones, por un lado estás convencido de que es bueno para ti, y por el otro te hace sentir a gusto. Ya no puedes irte a dormir sin cepillarte los dientes porque sientes que algo falta, que no estás completo. Así es como se desarrolla cualquier hábito, a base de repetición y convencimiento. 

 

Una rutina saludable con el hábito de la excelencia

 

Tu camino al crecimiento pasa por identificar las cosas que te hacen bien y ayudan a crecer y, a pesar de ser cosas que no te interesan o gustan al principio, incorporarlas a tu rutina de todos los días. Si quieres aprender a hacer una rutina de trabajo, llena de hábitos productivos, revisa el programa que hice sobre Hábitos atómicos, el libro de James Clear, en él describo cómo hacer una rutina de trabajo llena de hábitos productivos. 

Un pequeño secreto adicional para hacer de la excelencia un hábito: tu rutina diaria debe tener muchas cosas en las que puedes mejorar un poco de manera continua. No pierdas de vista tus objetivos a mediano y largo plazo, pero enfócate en las cosas que hoy mismo puedes mejorar de manera marginal, conviértelas en una obsesión y no te detengas, al paso del tiempo, esas pequeñas mejoras se convierten en un rendimiento muy poderoso.  

 

 

Conclusiones: 

 

La excelencia al igual que la camaradería, el networking y todo aquello que te ayuda a mejorar puede convertirse en un hábito si es parte de tu rutina y filosofía de trabajo. Ser excelente una vez no sirve de mucho, pero si lo haces todos los días en todo lo que haces, se convierte en una fuerza muy poderosa. 

Recuerda, tú decides tus hábitos y después ellos te definen. Decide bien, porque gran parte de tu éxito se basa en ellos.  No te olvides, este mes lo estamos dedicando a los hábitos y su fuerza transformadora. 

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